Una de las cosas más gratificantes que me está trayendo la promoción de “El Coaching del Peluche Rosa”, es estar conociendo a gente interesantísima en los viajes y encuentros con prensa y lectores. El lunes 8 de septiembre tuve la oportunidad no sólo de conocer, si no de ser entrevistado por Richard Vaughan. Seguro que todos conocéis a este texano, que lleva años enseñando inglés a generaciones y generaciones de españoles. Un hombre emprendedor y hecho a sí mismo, con el que acabar hablando de emprendimiendo y empresas era inevitable. Os invito a escuchar la entrevista y, si tenéis interés en profundizar en el tema, a que leáis abajo un fragmento de mi libro en el que reflexiono sobre este tema.

“El caso de Marcos lo podríamos definir como “empresario de cuna y pañales”, los que vienen de familia de empresarios. Esos profesionales que plantean su carrera directiva como una etapa de preparación para dar el gran salto, el supuesto estrellato, a saber: ser dueños de grandes empresas, convertirse en creadores de un “imperio”. Para Marcos montar su propio negocio era otra de las etapas que aparecían en el guion que le habían escrito.

La pregunta es: ¿Cualquier buen ejecutivo puede ser un empresario de éxito?

La respuesta es un NO rotundo. Para empezar, no se debe confundir ser emprendedor con ser empresario. Son dos conceptos diferentes. Marcos, como otros, había sido emprendedor toda su vida, su trabajo en las empresas en las que había estado lo había desempeñado como si estas fueran la suya propia y había mostrado un carácter emprendedor, había mostrado iniciativa, empuje.

En los últimos años, y más desde 2007 con la llegada de la crisis, el término “emprender” está de moda. En muchas de las descripciones de puestos que recibo por parte de mis clientes a la hora de seleccionar un director general o cualquier otro perfil directivo, una de las cualidades que más se piden es que el candidato sea “emprendedor”. Es tal el uso que se hace de esta palabra que muchos asocian “emprendedor” a “empresario”. Cuando Marcos me habló de su decisión de ser empresario le pregunté si sabía qué era el emprendimiento, si se había preparado de alguna forma para ser empresario o, al menos, si había reflexionado aunque fuera por un instante sobre sus propias cualidades para crear una empresa. Por supuesto, su respuesta fue confusa y superficial, y deduje que no se había detenido a pensarlo.

Una consulta al Diccionario de la Real Academia despejará nuestras dudas:

Emprender: Acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro.

Es decir, cualquiera que comience cualquier proyecto, sobre todo si conlleva un determinado riesgo, es digno de ser llamado emprendedor.

El emprendimiento NO es una profesión, sino una actitud, una necesidad de mejorar, de ponerse en discusión, de buscar nuevos horizontes. Existen emprendedores que no son empresarios, que nunca lo serán ni quieren serlo. Y existen empresarios que no son emprendedores. Seguro que podemos encontrar un ejemplo de cada uno en nuestro entorno. Cuántas veces nos hemos encontrado con directivos de empresas que, a pesar de no tener esa responsabilidad, han hecho de la innovación una clave de su trabajo, profesores de másteres o simples maestros que, pese a ser asalariados, no dejan de innovar en sus clases. La innovación es parte fundamental de las empresas modernas y, por lo tanto, uno de los requisitos más importantes para muchos puestos directivos. Por el contrario, hay muchos empresarios acomodaticios, dormidos en los laureles, y cuya falta de iniciativa aboca a sus empresas al fracaso.

Desde que empezó esta crisis interminable, se nos dice todos los días que para salir de ella necesitamos una mentalidad emprendedora. Pero esto no significa que todos podamos o necesitemos crear nuestra propia empresa. Es mucho más simple. Significa que debemos pensar de manera constructiva, creativa, afrontar los problemas cara a cara y no confiar nuestra suerte a terceros. Significa que, si algo no nos gusta, tenemos que trabajar para cambiarlo. Cada vez que nos dirigimos a los jóvenes y les pedimos que cambien de actitud y que traten de ser más emprendedores, no los estamos invitando a montar empresas: sencillamente queremos que sean más proactivos, más creativos, y que se enfrenten con valor a la situación.

Una de las mayores frustraciones de esta crisis para los profesionales que, como nosotros, se dedican a la búsqueda de directivos y que colaboramos con las empresas en la gestión del talento y de la excelencia empresarial, ha consistido en habernos enfrentado día a día con la falta de directivos emprendedores que supieran enfrentarse a los problemas buscando soluciones e innovando. Muchos están esperando todavía que el Gobierno, la Unión Europea o Dios nos saquen de la crisis o de la mala situación de su empresa. Y eso, a pesar de que se trata de profesionales muy bien pagados y que están ahí precisamente para innovar, no para seguir a la espera. Mi punto de vista es que en las empresas actuales no nos podemos permitir contratar a directivos que no sean emprendedores.”